El enfoque del Grupo de Trabajo «Reconstruirse: lecciones comparativas»

El enfoque del Grupo de Trabajo «Reconstruirse: lecciones comparativas»

 

Lotte Buch-Segal; Hélène Dumas; Clara Han; Emilie Medeiros; Richard Rechtman; Valérie Robin-Azevedo

 

El acompañamiento político de la reconstrucción de los individuos y de los grupos sociales tras los conflictos se ha impuesto progresivamente como uno de los elementos esenciales de las estrategias para salir de la violencia. Tener en cuenta esta dimensión a nivel individual responde a un doble movimiento, genealógico y moral, que concede un lugar esencial a las reconfiguraciones de la individualidad (por ejemplo, la subjetividad, la subjetivación, etc.) junto a otros enfoques de restauración de un orden social pacífico.

 

Entre ellos la justicia ocupa desde luego un puesto determinante, en particular la justicia internacional, como estampa del final de la violencia y lugar de donde poner a prueba una reparación posible (para saldar definitivamente una cuenta). Posteriormente la memoria y los procesos relacionados con ésta, que evocan la posibilidad de una historia colectiva. Y por último, las controversias de la memoria y judiciales enraizadas en las dos anteriores (de ahí la necesidad para nuestro grupo de trabajar en coordinación con los grupos 7 – el papel de la historia y de la memoria,  8 – las políticas públicas contra la violencia y 9 – Reconciliación y justicia)

 

Estos tres procesos, los más estudiados en la actualidad, y sin duda los más importantes, exigen una especie de descentralización con respecto al individuo (el caso único) en beneficio del destino colectivo. Pero es precisamente la descentralización del singular en beneficio de la historia colectiva lo que suscita ahora el mayor número de reproches y de quejas por parte de las víctimas y/o de sus representantes. Como si ahora el recurso de los denunciantes fuera reclamar que la justicia, la historia y la memoria debieran «hacerles justicia individualmente», mientras que las lógicas de la memoria y judiciales no tienen precisamente la finalidad de responder «al uno» de «cada uno».

Esta es precisamente la razón por la que se desarrollan cada vez más iniciativas y dispositivos susceptibles de tener en cuenta (o más exactamente de rendir cuentas del) destino de cada uno. Estas son precisamente las operaciones que calificaremos como «reconstrucción del sí» que nuestro grupo se propone estudiar.

 

Una primera constatación: esta idea no es evidente. En determinados conceptos operativos recientes: el traumatismo, la resistencia, el duelo individual…, esta idea de concentración en los destinos subjetivos de cada uno habría tenido necesariamente un significado patológico y patologizante, como cada vez que se han tomado prestadas nociones surgidas de la psicopatología o de la psiquiatría para caracterizar las condiciones sociales. Ahora bien, precisamente el imperativo de la reconstrucción se concibe en primer lugar como el reverso de lo patológico, dicho de otra forma, su inversión en una especie de terapéutica colectiva que suscribe y acompaña la salida de la violencia.

Sin embargo, tres condiciones sociales (o tres evoluciones históricas) son absolutamente indispensables para favorecer la aparición y garantizar el éxito de estas nuevas iniciativas de restauración del «sí».

  1. En primer lugar es necesario despatologizar los conceptos procedentes de la clínica psicológica para que adopten el significado de una nueva condición del hombre distinta de la de enfermedad mental. La categoría emblemática es desde luego la de trauma que viene a significar la existencia de una nueva condición, la de víctima, susceptible de certificar el carácter inexcusable del evento traumático y de autentificar al mismo tiempo la exigencia de reparación individual y colectiva de los prejuicios generados por la violencia.
  2. Posteriormente es necesaria una nueva concepción del hombre en calidad de actor social caracterizado por su psique, sus emociones y sus horrores (más que por sus razonamientos). Dicho de otro modo, es necesario que los sufrimientos psíquicos, las heridas morales singulares, los recuerdos individuales de las violencias sufridas, etc., sean considerados como huellas indelebles que tienen un valor colectivo, a través de los cuales cada uno puede no solo reconocerse y hacerse reconocer, sino también dar voz a los dramas colectivos.
  3. Finalmente son necesarios dispositivos de puesta a prueba, es decir, técnicas de atención psicológica o judicial, lugares de escucha, instancias de validación y autentificación de los relatos, etc., en los cuales los sufrimientos singulares y los dramas individuales se amalgamarán para crear la trama de la memoria colectiva.

 

Se tratará de estudiar en diferentes territorios cómo se distribuyen estas tres condiciones y en qué resortes sociales se apoyan.

 

 

Tres subtemas complementarios:

En esta fase de la reflexión, consideramos que es importante despejar tres puntos de vista (empírico y crítico) sobre los dispositivos empíricos y las normatividades que producen, las resistencias y contrarreacciones que suscitan en las poblaciones objetivo.

 

En cuanto a los dispositivos, debemos distinguir entre dos registros muy diferentes a priori, ya que se centran en objetos radicalmente distintos, aunque ambos sitúan la subjetividad, o más exactamente el efecto sobre la subjetivación, en el centro de su modalidad operativa: los dispositivos de restauración del self, por una parte, y los dispositivos de restauración del espacio colectivo, por otra, en particular a través de la restauración de una continuidad con los muertos y los desaparecidos.

 

1-) Los dispositivos de restauración del self : son todos aquellos que se centran en la atención psicológica de las consecuencias de la violencia (padecida o ejercida) tanto si se trata del trauma (PTSD) de la atención a las violencias sexuales y menores forzados, de la tortura, de los niños soldados, etc., o incluso de los dispositivos denominados terapéuticos que reúnen a torturadores y víctimas.

 

La restauración psicológica pasa en este punto por la idea de una reparación subjetiva de un trauma singular que caracteriza sin embargo un eventual destino colectivo.

 

En esta fase se tratará de precisar la naturaleza de estos diferentes dispositivos y de analizar las normatividades que pretenden producir.

 

participan en este eje:

Lotte Buch (Refugiados víctimas de tortura en Dinamarca)

Hélène Dumas (víctimas y genocidas en Rwanda)

Emilie Medeiros (niños soldados en Nepal, refugiados políticos en Gran Bretaña)

Richard Rechtman (Víctimas y genocidas, procesos de subjetivación de los sufrimientos sociales)

 

2-) Los dispositivos de restauración del espacio social entre los muertos y los vivos

 

La mayoría de los procesos de violencia extrema, como los genocidios o las exterminaciones en masa, trata de hacer desaparecer al difunto reduciéndolo a un mero cadáver. Esta dimensión esencial de la administración de la muerte, por ejemplo de tipo genocida, trata al cuerpo muerto como un simple desecho destinado a su completa desaparición. El objetivo de estas violencias no solo consiste en matar a un gran número de personas, sino en romper todo vínculo simbólico entre los muertos y los vivos. Dicho de otro modo, la gestión de los cuerpos, la dispersión para su destrucción, consiste en impedir que los muertos lleguen al mundo de los difuntos privándoles de sepulturas y, haciendo esto, impedir que los vivos edifiquen santuarios de conmemoración. En los procesos de postviolencia, la búsqueda de los restos humanos, la exhumación de las fosas comunes, la identificación de los cuerpos hasta su restitución a las familias para que puedan proceder a los ritos funerarios, participan políticas de reparación y de restauración de un orden social postconflicto. En este sentido, las iniciativas con respecto a los muertos transmiten a la vez la imagen del fin de las hostilidades y la necesidad de cada uno de restaurar los vínculos simbólicos de las filiaciones. Los procesos de exhumación, además de los funerales, constituyen una modalidad de reconstrucción subjetiva mediante el redireccionamiento del cuerpo sin vida al espacio de los difuntos.

participan en este eje:

Valerie Robin Azevedo  (exhumaciones y enterramientos postviolencia en Perú)

Hélène Dumas (búsqueda de cuerpos en Rwanda tras el genocidio de los Tutsis)

Clara Han (Echos of death)

Richard Rechtman (consecuencias subjetivas de la administración de la muerte genocida y su reparación)

 

3-) Elusiones y resistencias: las nuevas subjetividades postconflicto

 

Estos diferentes dispositivos producen normatividades que se imponen con más o menos facilidad a los individuos y los grupos. Vectores de nuevas asignaciones subjetivas, como por ejemplo las identidades «victimarias», estos dispositivos chocan sin embargo con la resistencia de los «sujetos» que, aunque se reapropian de las lógicas de la restauración del sí, subvierten sus contenidos. Los procesos de subjetivación que se derivan de estos diferentes momentos de postconflicto se inscriben en la secuencia asignación/alienación/subversión/subjetivación. Por tanto, debe realizarse un análisis de las elusiones y de las subversiones que los actores imponen deliberadamente, o sin su conocimiento, a estas normatividades subjetivas.

Todos los investigadores del grupo están implicados en este enfoque, y extraen su método de la etnografía de lo cotidiano y lo ordinario de la violencia.